Cómo crear las bases para un propósito integral

Encontrar un propósito parece complejo.
Para muchas personas encontrarlo es como un llamado especial, que solo le
ocurre a pocos elegidos y que es una especie de conexión mística espiritual. Existen
mitos y creencias limitantes acerca de lo que significa crear un propósito. También
encontramos falsas acepciones o significados poco profundos sobre el tema, ya
muchas veces no se trata con el suficiente rigor y profundidad que requiere.

Es difícil construir un propósito que
nos inspire a la acción y los logros porque en ocasiones no le damos un
abordaje integral que incluya ambas perspectivas: la mirada material y la
mirada espiritual. Un propósito, para que sea completo y sea una palanca para
una visión poderosa, debe integrar ambos mundos.

Ese artículo no trata de cómo crear un
propósito integral pero sí propone una perspectiva sobre el tema que esclarece
ciertas aristas y algunas preguntas disparadoras de una auto-indagación
profunda.

¿Qué implica tener un propósito?

Vivir con un propósito implica, en
primera instancia, una conexión profunda con nosotros mismos; una perspectiva no ordinaria sobre nosotros mismos; una
mirada sensible y profunda del mundo, los demás y una visión trascendental de
nuestra vida. La primera llave para un propósito integral es que ese camino comienza
con una manera particular de observarnos y de observar nuestro impacto en los
demás y en mundo. A partir de esa forma particular de mirar y observar se crea
la conexión interna que permite pensar en un propósito con los elementos y
herramientas adecuadas.

Consciencia expandida y propósito

Quizás la dificultad no es crear un
propósito, sino aprender a observar lo que hay que observar para hacer esa
conexión que nos lo permita. Esa conexión con nuestra mejor versión es el
contexto para crear un propósito. De lo contrario, es difícil que florezca esta
perspectiva. Es como compararnos con la semilla de una flor que necesita un clima
especial para crecer. Sin la suficiente agua, tierra y sol esa flor no crece
fortalecida. Pero con el clima y la tierra adecuados es muy probable que crezca
fuerte, sana y llegue e su esplendor.

Acceder a un propósito integral
requiere de una determinada madurez personal, que tiene que más ver con el
desarrollo de la consciencia que con la edad cronológica. Madurar esa
autoconsciencia como para entender qué talentos tenemos, cuál es nuestro ADN
particular, cómo traducir este potencial en un servicio a los demás, cómo
empatan nuestros talentos con algo que el mundo necesita, entender que nuestra
vida puede ser un aporte significativo desde algo que amamos hacer. Esta
perspectiva es la tierra fértil donde la flor puede crecer en su esplendor. Una
vez que podamos hacer este insight, que pertenece a la mirada espiritual,
estamos listos para la mirada material: traducir todo esto en una visión de
negocios, una profesión, servicio o lo que cada uno mejor sabe hacer.   

Un salto de consciencia

La creación de un propósito, desde el
modelo de liderazgo consciente, es la consecuencia de una expansión de la consciencia.
En los niveles básicos de consciencia la mirada de nuestra vida pasa por una
visión personal donde el foco está en lograr, tener y acumular. Sumando a ello,
una mirada basada en la supervivencia, la competencia, la sobre-preocupación, y
querer suplir el vacío existencial con lo material y la diversión/placer. Nada
de malo, pero sí limitante, si se quiere crear un propósito integral. Una vida
basada en esta perspectiva dificulta conectar con un propósito, ya que estamos demasiado
ocupados poniendo nuestra energía en el afuera. Y nada tiene de malo esta forma
de estar y ser en la vida, pero un propósito integral requiere conectar con un
yo más elevado. Y solo un salto de consciencia hacia niveles superiores
posibilita esta conexión.

Una persona demasiado anclada en esa
consciencia primaria carece del instrumental
humano
requerido como para hacer esa conexión integral entre lo material y
lo espiritual. En esta consciencia muchas acciones están basadas en el miedo,
el control y la escasez, y esta energía no empata con un propósito integral. Se
necesita trascender los paradigmas culturales heredados que nos condicionan,
para desarrollar una nueva consciencia. Sin este salto nos quedamos afuera de
la energía interna que favorece el florecimiento de un propósito poderoso.

La consciencia del ser (el yo superior)

Cuando una persona trasciende esa consciencia
egocéntrica es cuando puede mirar su vida desde una visión más profunda e
integrar la dimensión espiritual (o como cada quien quiera llamarla). De alguna
manera, la consecuencia de encontrar esa nueva consciencia es el encuentro con
ese propósito que buscamos crear. Para desarrollar esa consciencia ampliada es
importante renovar ciertas creencias fundacionales acerca de:

  1. Nosotros mismos.
  2. Nuestra vida.
  3. El mundo.

Hay muchos pensamientos promotores que
tenemos acerca de estos 3 puntos que nos limitan en la posibilidad de acceder
al nivel de consciencia del ser. Y cuesta expandir consciencia por el simple
hecho que hemos recibido una educación en la cual predomina la mirada material
sobre lo espiritual.  La matrix social
todavía nos inocula mucha información sobre lo material y tenemos poco acceso a
pixeles de realidad espiritual, por decirlo de alguna forma.

Demasiado para afuera y poco para adentro…

Cuando ampliamos consciencia nos damos
cuenta, desde ese yo superior, que vivir con miedo por tener, lograr y tener
status es una ilusión que podemos trascender. Y nos damos que igual de
importante es el foco sobre valores, talentos, pasión, amor por lo que hacemos.
Una mirada no quita fuerza a la otra; es sólo cuestión de ampliar la capacidad
de observar, la cual se puede desarrollar.

Una visión renovada para un propósito integral

Cuando accedemos a renovar la mirada
sobre nosotros mismos y conectamos con nuestro yo esencial es cuando dejamos de
gastar energías en vivir una vida de supervivencia, seguridad y control para
soltar esa presión y ver la vida como una oportunidad, también para:

  • contribuir
  • conectar
    con nuestros dones y talentos
  • defender
    una causa
  • trascender
  • dejar
    un legado
  • servir

Y
como consecuencia de ello, el mundo pasa de ser un escenario solo para competir,
ganar o lograr, a ser un escenario para desarrollar la mejor versión de
nosotros mismos y vivir desde nuestros talentos y nuestra virtud. Por supuesto
que esta visión incluye ganar, sobresalir o ser reconocidos, solo que desde
otra perspectiva.

En
este shift de consciencia ocurre cuando dejamos de tener ese miedo profundo
subyacente en el inconsciente para comenzar a vivir con coraje, pasión, alegría
y creatividad, conectando con la dimensión espiritual.

De esta manera se ha creado el
contexto y se ha trabajado el suelo que permita el florecimiento del propósito
integral: materia y espíritu; ser y tener; objetivos y pasión creadora. Es
entonces cuando el propósito ocurre en la vida de una persona porque ese yo
superior, ese genio dormido que yace en nuestro interior, ha podido integrar
dos aspectos que nos hacen humanos y que se pueden equilibrar para una vida
plena y completa.

Federico García Berro